Apendicitis

En el diagrama del colon, localice por favor el ciego, el apéndice y la válvula ileocecal. La parte izquierda del diagrama corresponde al lado derecho del cuerpo.

El ciego es una pequeña bolsa donde comienza el colon, en la sección derecha baja del abdomen. Los desperdicios del intestino delgado llegan al ciego mediante la válvula ileocecal (teóricamente es una válvula unidireccional). El apéndice es un tubo delgado pegado al ciego, con un canal que se abre a éste.

La materia fecal puede atascarse en este canal y causar que el apéndice se infecte e inflame. Debe realizarse cirugía en forma inmediata para quitarlo antes de que reviente, porque si no puede ser fatal.

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¿Por qué se bloquea el apéndice con material fecal? ¿Tuvo acaso la naturaleza un error en el diseño?

Una pista viene del campo de la epidemiología. La apendicitis es una enfermedad de los países occidentalizados, virtualmente desconocida en el mundo en desarrollo. La razón es que el diseño del ciego permite que lo vacíe el muslo derecho, en la postura en cuclillas. En un inodoro sentado resulta fisiológicamente imposible comprimir el ciego.

En lugar de eso, uno empuja hacia bajo con el diafragma mientras contiene la respiración. Esta maniobra infla y pone presión en el ciego, lo cual es análogo a apretar un tubo de pasta de dientes en el centro y causar que el fondo se infle. La presión puede empujar los residuos al apéndice, con consecuencias desastrosas.

Esta presión en el fondo también puede agobiar a la válvula ileocecal, cuyo propósito es proteger al intestino delgado de la contaminación fecal.Los análisis de enemas de bario y las cirugías intestinales muestran rutinariamente la fuga de desechos hacia el intestino delgado. La Enfermedad de Crohn se desarrolla en el área irrigada por este reflujo tóxico.

Por más que haya esfuerzo, el ciego nunca se evacua. Los residuos se adhieren a la pared del colon e incrementan los riesgos de cáncer e inflamación (apendicitis incluida).

En contraste, en la postura en cuclillas, el muslo derecho aprieta el ciego desde su base y empuja sus contenidos hacia el colon ascendente, en donde los movimientos del intestino (peristalsis) se los llevan. No hay necesidad de aguantar la respiración o empujar hacia bajo puesto que la postura genera la presión automáticamente.

Toda la fuerza está dirigida hacia arriba, por lo que el apéndice se mantiene limpio y la válvula ileocecal se mantiene cerrada. Estos órganos no están “mal diseñados”, como suele enseñarse en las escuelas de medicina. Como el resto del colon, su diseño implica la postura en cuclillas.

Bosquejo histórico de la apendicitis

La mayor parte de la gente supone que la apendicitis siempre ha estado entre nosotros, pero de hecho emergió hace poco, coincidiendo con la introducción de los inodoros de asiento hacia finales del Siglo XIX.

La epidemiología de la apendicitis plantea muchas preguntas sin respuesta. Casi desconocida antes del Siglo XVIII, tuvo un sorprendente incremento desde finales del Siglo XIX, con características que sugieren que es un efecto secundario de la vida occidental moderna.

Revista Médica de Australia

En 1886, Reginald Heber Fitz, un profesor de anatomía y patología de Harvard, fue el primer médico en reconocer y dar nombre a la enfermedad. Fue también el primero en proponer el tratamiento mediante la extirpación del apéndice.

La conservadora clase médica británica se resistió al novedoso procedimiento de la apendicectomía hasta entrado el nuevo siglo, cuando fue empleada para salvar la vida del nuevo rey. En 1901, el Príncipe de Gales, Alberto Eduardo, sufrió una apendicectomía de emergencia, dos semanas antes de su fecha de coronación como Rey Eduardo VII. Su recuperación exitosa finalmente convenció a los cirujanos británicos que la operación era el único medio de salvar a las víctimas de esta nueva y “misteriosa” enfermedad.

En la actualidad, un 7% de la población de Estados Unidos contraerá apendicitis en algún momento de su vida (según estimaciones de www.emedicine.com). La cifra podría ser mayor, excepto que se realizan 40,000 “apendicectomías secundarias” al año (de acuerdo con el Índice Harper, Feb., 2002). “Secundarias” significa que el apéndice no tenía nada malo, sino que el cirujano estaba operando algún órgano cercano, la mayoría de las veces realizando una histerectomía.

La apendicitis es la causa más común de que un niño requiera cirugía abdominal de emergencia. Los jóvenes entre los 11 y los 20 años suelen ser los más afectados (según www.KidsHealth.org).

La medicina moderna reconoce que la apendicitis es básicamente una enfermedad del mundo Occidental, y la atribuye a la (supuesta) mayor cantidad de fibra en la dieta del tercer mundo. Sin embargo, la teoría de la fibra nunca ha sido comprobada.

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Reginald Heber Fitz

No hay formas médicamente probadas de prevenir la apendicitis. Aunque ésta es rara en países donde se come mucha fibra, los expertos no han mostrado que una dieta de alta fibra prevenga definitivamente la apendicitis.

Cita de www.KidsHealth.org

Muchos residentes del tercer mundo que no desean parecer “atrasados” se sienten obligados a adoptar los inodoros occidentales. Esta tendencia está causando problemas de salud que antes eran desconocidos entre la población que usa la postura en cuclillas. La apendicitis es un ejemplo.

El inodoro usado en la India propicia más la evacuación completa que el modelo occidental. Con la creciente popularidad del estilo de los inodoros occidentales existe un riesgo de incremento en la apendicitis.

webhealthcentre.com (portal de salud con base en India)

Conexión entre la postura en el inodoro y la apendicitis

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Desafortunadamente, los gastroenterólogos occidentales nunca han hecho la conexión entre la postura en el inodoro y la apendicitis. Su entendimiento de esta enfermedad ha avanzado poco en el siglo transcurrido desde que el Dr. Frederick Treves realizó su famosa apendicectomía (ya mencionada) en el Príncipe de Gales.

Irónicamente, Sir Frederick (nombrado Caballero por haber salvado la vida del rey) perdió a su propia hija por la apendicitis. No obstante su pericia como cirujano, no tenía idea de qué causaba esta enfermedad o cómo prevenirla.

Ahora sus sucesores tienen una oportunidad de redimir su profesión informando a sus pacientes (y a sus hijos) sobre los peligros para la salud de los modernos inodoros. Así podrán prevenir una gran cantidad de sufrimiento innecesario.

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